Cuando se asocian las ideologías políticas al concepto de República es algo que se suele achacar a la derecha del espectro político. El término República tiene un tono institucional, disonante y que parece reclamar virtudes de una época en donde el concepto de ciudadanía no le aplicaba a todos inextenso. Es usado con fervor por quienes pretenden defender el sistema de las “arbitrariedades” de un gobierno. República como término se ha tergiversado hasta convertirse en un arma arrojadiza. Hoy, estimado lector, intentamos recuperar su significado original.
El republicanismo no tenía en origen nada que ver con la concepción que tenemos hoy de separación de poderes. En su concepción original, el afamado teórico republicano, Philip Pettit intentaba construir en torno a él una definición de libertad. En lugar de tomar la libertad como ausencia de coacción, definición que gusta a quienes se colocan la etiqueta de liberales, se definía esta misma cómo “ausencia de dominación”. Este puede parecer un cambio relevante, pero tiene una importancia mayúscula. Al entender libertad como ausencia de dominación Petit abría la puerta para que la arbitrariedad pudiera entenderse más allá de la sola acción del Estado. El Estado, de hecho, es el encargado de hacer justicia mediante la ley. Una ley que nos haga a todos justos y libres.
Más de un proyecto ideológico se sentiría cómodo con la definición que acabamos de presentar. El Estado puede intervenir siempre y cuando lo haga con el ánimo de garantizar la igualdad y la justicia. Esa era la idea original que tenían los revolucionarios franceses cuando decidieron acabar con el viejo orden social. En palabras de Tocqueville: “dicha revolución no tuvo más efecto que abolir aquellas instituciones políticas que habían dominado de manera absoluta en Europa. Que se les llama generalmente feudales para sustituirlas por un orden social y político sencillo y uniforme basado en la igualdad de condiciones”. La República puede ser la herramienta de justicia universal. Aquel ideal por el que tanto Maquiavelo como otros admirados y antiguos pensadores creían que se debía regir las tareas de gobierno. Si el credo del republicano son la igualdad y la justicia no es algo que se debería reivindicar solo desde un lado del espectro político.
Difícilmente la democracia puede funcionar sin moderación, igualdad y justicia. El republicanismo busca proteger la libertad del ser humano de los excesos de sus pares, gobernantes o circunstancias. Y esa es una antorcha que, en mi opinión, todos debiéramos enarbolar.
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