La cooptación del sistema de justicia por fuerzas antidemocráticas confirma que Guatemala se ha plegado al círculo de un infierno privado y quienes no pertenecen al colectivo de corruptos, militares o elites, están siendo torturados en el purgatorio que ellos han construido.
Mientras tanto, el juez de mayor riesgo, Lesther Castellanos Rodas, quien a pesar de incurrir en numerosas faltas administrativas y poseer en su expediente profesional denuncias disciplinarias fue premiado por diputados corruptos y electo Relator Titular de la Oficina de Prevención Contra la Tortura y Otros Tratos Crueles e Inhumanos o Degradantes, luego que denunció por abuso de autoridad, a la ex jefa de la Fiscalía Especial Contra la Impunidad (FECI) de Quetzaltenango, la abogada Virginia Laparra, quien fue detenida diligentemente por el Ministerio Público y han mantenido en prisión desde el 23 de febrero de 2022.
En un país en dónde la cifra de homicidios y muertes violentas -que incluyen actos de tortura- son elevados, especialmente contra mujeres ¿qué se puede esperar de un relator corrupto y vengativo? ¿Quién o quiénes conociendo los antecedentes de Castellanos y la forma en que llegó a ese cargo, se atrevería a presentar en su oficina denuncias de torturas? Si él fue electo para defender a los mismos torturadores.
Con este escenario, no es extraño que Guatemala sea el lugar en dónde quienes salen victoriosos de un proceso viciado sean los miembros, familiares y amigos de una fundación que se ha constituido en querellante de este y otros procesos, y cuyo objetivo es ejercer un profundo terror y permanente persecución, penal, emocional, física, laboral, familiar, entre otras, en contra de quienes se han atrevido a fortalecer las instituciones judiciales para que nadie, sin importar su poder o privilegios, sea superior a la ley.
La condena contra Laparra, emitida por la jueza Oly González Donis, es solo un ejemplo del putrefacto sistema de justicia que impulsó el cómico Jimmy Morales. Para detener la actual persecución se requiere una reforma estructural del sistema de justicia. Ningún proceso electoral ni un nuevo presidente transformará el país sino se revierte la corrupción judicial.
El mundo ha levantado su voz frente al fallo contra Laparra, donde el mismo sistema que ella buscó que funcionara, es el que la condena, por hacer cumplir la ley. Además, es arbitrario que deba enfrentar otra acusación y que los responsables, como ha demostrado el Departamento de Estado de los Estados Unidos, sean los responsables de “retrasar y obstruir los procesos penales”.
En la sección de Opinión se publican columnas como contribución al debate público, las cuales son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan la visión de elPeriódico de Guatemala o la de su línea editorial.