“ No soy un lobo vestido de oveja, soy un lobo vestido de lobo”, dijo Gerbeais.
La cruenta guerra continúa en Ucrania y dista mucho aún por terminar, la desolación vivida esta Navidad bajo bombardeos intensos con armas prohibidas según la convención de Ginebra a Kiev y muchas otras ciudades de su territorio, usando fósforo son una muestra latente del nivel que alcanza la malvada, torpe y fallida “operación especial” del Fhurer de Rusia Vladimir Putin, quien hace poco comentó estar dispuesto sentarse a negociar para que termine la guerra, palabra usada por un simple error, cinismo o aceptación, quien sabe, lo único que sabemos es que estos tiempos son tiempos obscuros que nos hacen recordar las épocas más terribles de la humanidad.
Quién hubiera pensado qué volveríamos a observar a estas seres del inframundo, tiramos enfermos, sátrapas capaces de cualquier ignominia y que el dos mil veintidós que pintaba una esperanza luego de la pandemia, terminaría siendo un preludio de una posible confrontación mundial, con más dolor y muerte en medio de un mundo insensato, distraído, indiferente y con falta de compromiso genuino, para dejar de “llamar a su cobardía prudencia” y no poner en su lugar con firmeza a los rusos y al dementé que los dirige, marcarles un alto y contribuir como mínimo con la expulsión de todo el personal diplomático, rompiendo relaciones y expulsándolos de nuestros países.
Acuerpar con hechos y acciones el llamado del papa Francisco para “Acallar las Armas” en Ucrania, denominándola el Santo Padre reiteradamente desde su inicio una guerra insensata, sin temor y señalando directamente a el patriarca Kiril a quien pidió que dejara de estar haciendo el papel de monaguillo de Putin.
Pensar y volver a recordar que no podemos ser ajenos completamente a este conflicto que ha alterado ya muchas cosas y que nos afecta directamente en los temas económicos con el alza de precios, la inflación y el de los combustibles. Que de seguir así tenemos a la vuelta de la esquina la oficialización de una guerra mundial, la cual desde sus inicios debió ser llamada como tal, y que debemos como siempre elegir de qué lado de la historia queremos estar.
Mientras tanto el Kremlin aparte de mandar a sus jóvenes a la guerra sin preparación y dispararles por la espalda con un despreció inaudito, también elimina selectivamente a muchos de sus empresarios que se han opuesto a tal barbarie.
Larga es la lista que ha salido a luz y mencionar a los magnates “suicidados” Alexander Buzakov, Alexander Subbortin, Ravil Maganov, Vladimir Bidenov, Pavel Antov, Anatoly Gerashchenko, Ivan Pechorin, Sergey Protosenya, y tantos otros que seguramente irán engrosando la lista, con la característica de extraños y fatales accidentes en variados países, dignos de aunque usted no lo crea o al mejor estilo de Ripley.
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