El tiempo perdido

Frustración que los induce a caer en actos deleznables que fácilmente se les revertirán, por tener la juventud otro concepto de la realidad y otras aspiraciones.

En política la relación entre la vigilia y el sueño es alquimia común y corriente, permitiendo que la luz y las tinieblas caminen de la mano sin inmutarse, guiadas por un fantasma que adormece la conciencia. Es un brebaje que sirve para mantener el sentido de unidad cuando no la hay y creer en la verdad única ocultando que viven una guerra de pasiones opuestas, escribiendo algunos antecedentes la historia. Para explicarlos se atribuye a Simón Mago, personaje señalado como un impostor en los Hechos de los Apóstoles, una frase que dice: El que comparte el poder con el diablo, en el infierno se queda. En Guatemala parte del problema es que andan dos diablos sueltos, compartiendo una intimidad política contradictoria diseñada por sincretistas modernos en nombre de la institucionalidad dándonos atol con piquete, oxigenando un sistema moribundo con un malabarismo difícil de digerir, en un siglo en el que persisten los errores del pasado sin la menor intención de rectificar, hasta que se les aparezca el diablo y les pida cuentas antes del domingo de Pentecostés.

La atmosfera que están creando estos colochos es seguir con el mismo tango, imponiendo reformas cosméticas y todo cambie sin que nada cambie, demostrando que existen corrientes subterráneas complejas y rigurosas de orden político, económico y financiero manipulando la crisis, bajo la premisa de que somos una bola de pendejos. Se equivocan. Esa actitud refleja que a ese grupo iluminista el fanatismo no le permite cambiar su visión de la modernidad, poniendo en evidencia su inferioridad para dirigir un país caracterizado por defender sus tradiciones y valores. Ignoran que hace rato, sacaron de la lista de mentiras los dogmas como método tradicional de seducción política, por su evidente fracaso, lo cual los inmoviliza y perturba. Frustración que los induce a caer en actos deleznables que fácilmente se les revertirán, por tener la juventud otro concepto de la realidad y otras aspiraciones, empezando por guardar la distancia entre un pasado político que no le pertenece y un futuro lleno de fantasía y esperanza. Tiempo al tiempo.

Desde la antigüedad los principios han tenido un vínculo especial con la realidad, permitiendo a los  pueblos melancólicos como el nuestro, evitar con sabiduría que la fragilidad de la retórica convierta su imaginación en esclavitud esperando tranquilos un futuro mejor, instante que a veces se convierte en una rebelión que parece durar cien años pero llega para quedarse en presencia de la eternidad. El irrespeto a la ley y los valores sociales que caracteriza a los políticos revela que padecen una crisis moral profunda, impidiéndoles encontrar el camino para incorporarse con naturalidad a la sociedad. De tanto aplicar la ley de la selva se les olvida respetar los derechos de los ciudadanos y que la ley no está en contra de nadie y por eso nos beneficia a todos. Y sin conmocionarse, deberían empezar a quitarse su mala fama y recordar que el margen reducido de votos que les permite alcanzar el poder, les da legitimidad relativa pero no la consagración para gobernar, provocando su ineptitud, falta de conciencia y de patriotismo, daños sociales irreversibles. Tragedia edificada sin rubor por décadas, pensando que será eterna y pueden mantener a los pueblos abandonados en un estado de muerte relativa entretenidos pescando sueños, lamentos y amarguras. Están equivocados. La primavera llegará tarde o temprano para quedarse y el sol brillará tanto, que nadie se quedará sin luz ni perderá el rumbo, recordando fábulas de sueños perdidos en la aridez de las palabras sin sentido, torciendo el destino de los olvidados. Joya. La imbecilidad no lleva a ningún lado, el tiempo le da la razón al que la tiene.







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Amílcar Álvarez

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Author: Maria Suarez