Más acciones y menos arrogancia

Convertir lo que Guatemala debe ser: un centro neurálgico de turistas e intercambio de bienes y servicios.

A buena hora (o sea después de las elecciones de medio término) el departamento de Estado de los EE. UU. reacciona al giro que diversos países de Latinoamérica han dado a la izquierda, lo cual actualmente se traduce, en una mayor independencia de Washington. Esto sumado a la creciente influencia económica que China continental tiene y así la administración de Joe Biden busca contrarrestar esto con otra copia barata de la política exterior que en un momento dado John F. Kennedy impulsó para la región con su Alianza para el Progreso. Esta es la Alianza para la Prosperidad Económica en las Américas. Como siempre en estos temas espero equivocarme, pero después de leer el contenido y los objetivos de la misma que incluye, aparte del país anfitrión, a Barbados, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, México, Panamá, Perú, República Dominicana y Uruguay mi predicción es de too little, too late. La influencia que EE. UU. ha perdido en la región desde inicio de siglo no será rescatada con un refrito de política exterior como si se tratará de una nueva adaptación de una película clásica de Hollywood. La política no funciona así y la América Latina del siglo XXI es muy diferente a la del siglo XX a pesar de ciertos problemas estructurales que persisten.

Lo que no cambia, con relación al siglo XX es la política exterior hacia el Triángulo Norte, específicamente en el tema de migración. De acuerdo al artículo “Guatemala y EE. UU. discuten la forma de generar empleo en el país y reducir la migración” (Prensa Libre, 8/2/2023) se destacan los esfuerzos de lo que es una nueva iniciativa dentro de la Estrategia Biden/Harris para el Triángulo Norte (que no ha dado resultados concretos), llamada “Centroamérica hacia delante” que ya parece un Let´s Make Central America Great Again por los niveles de populismo incluidos. Pero no vamos a ser aguafiestas, se aplaude y reconocen los esfuerzos que el departamento de Estado a través de la Embajada de EE. UU. en Guatemala hacen en el país para trabajar con el Ministerio de Economía y con el sector privado. Es solo a través de un impulso masivo económico que los índices de guatemaltecos que abandonan el país se van a reducir. Por estos proyectos pienso en carreteras, mejoramiento y aprovechamiento de nuestras zonas portuarias, un aeropuerto comercial internacional y cualquier apuesta por convertir lo que Guatemala debe ser: un centro neurálgico de turistas e intercambio de bienes y servicios. 

Lo que definitivamente ya debería abandonar el departamento de Estado es su necedad arrogante de insistir en seguir “abordando las causas fundamentales de la región”. Pareciera que para el departamento de Estado, las decenas de académicos, investigadores, expertos, periodistas y demás personas que han trabajado en el tema de migración en El Salvador, Honduras y Guatemala no existen o tal vez no tienen las capacidades que si tienen las lumbreras de sus funcionarios y los de la USAID (una manga de patojos idealistas) en definir cuáles son estas causas, cuando aquí todos las conocemos. A ver cuando logramos tener una sintonía pero también el respeto de Washington.







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Roberto Antonio Wagner

Consultor y analista de política y relaciones internacionales, catedrático universitario, columnista y ex funcionario diplomático. Interesado en historia, cultura y política de América Latina, Estados Unidos y Euroasia. @robertoantoniow

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Author: Maria Suarez